“Esto ha sido un paréntesis en mi vida y ahora vivo de una forma muy distinta”

Juan Jose Peña, el sevillano que más tiempo ha pasado en la UCI por su infección, se recupera en su casa en Lebrija de las múltiples secuelas del coronavirus

Con los músculos atrofiados, dificultad para andar sin ayuda y poder respirar bien, sin gusto ni olfato, sondado… así se recupera en su casa en su domicilio de Lebrija Juan José Peña, un conocido abogado e hijo del cantaor Juan Peña El Lebrijano, y sevillano que más tiempo ha pasado en la UCI a causa de su infección por coronaviurs.

“58 días son casi dos meses encamado en una UCI y eso te marca”, explica mientras habla con cierto cansancio resonante y varias pausas para coger aire. Casi 60 días a los que hay que sumarle otros once en planta hasta que finalmente se libró de un virus que a punto estuvo de costarle la vida a sus 54 años.Este abogado es uno de los 152 sevillanos que desde el pasado mes de febrero han pasado por las unidades de Cuidados Intensivos de la los hospitales de la provincia, UCIS de las que muchos, lamentablemente no pudieron salir con vida. Hoy, apenas tres pacientes se encuentran en su misma situación. Su altas a plantas y posterior salida del hospital son celebradas por familiares, sanitarios y por los propios afectados que, aunque sin llegar a ser conscientes por la sedación de la virulencia que el el virus SARS-Cov-2 ha tenido sobre su cuerpo, salen curados, vivos, aunque con muchas secuelas que les acompañarán durante mucho tiempo.

“Gracias a Dios, estoy aquí, pero podía no haber salido. Si se me complica un poco más me hubiera quedado en el camino, es lo que le comunicaron a mi mujer. Esto es un paréntesis que tiene uno en su vida, el cual no se espera y por el que ahora tiene una vida muy distinta. Tengo que estar 24 horas con un oxígeno porque no respiro completamente y llevar una vida muy tranquila, sin preocupaciones, y mucho descanso, que es lo que necesita el pulmón para regenerase”, relata.

Tres meses después de su contagio, Juan José Peña no es capaz de concretar cuándo  y dónde se contagió del virus. Es una persona sana, alérgica, eso sí y que convive con un leve asma. “Soy abogado, hablo con mucha gente y tengo mucho contacto con las personas. Son hábitos que he llevado a cabo desde siempre y lo estuve haciendo mientras el virus ya nos estaba rondando. El uso de la mascarilla no era obligatorio. Empezó a serlo cuando yo ya caí malo, con el estado de alarma. Tuve esa mala suerte”, dice.

Sí recuerda, y le ayuda su mujer a concertarlo, cuando empezó a darse cuenta que tenía síntomas por lo que sospechó que no se trataba de una gripe. Tuvo pitidos en el pulmón, fiebre, dificultad para respirar y con antibióticos no mejoraba. Llamó a los teléfonos habilitados por la Junta de Andalucía para este tipo de dudas y un amigo médico le recomendó tomar paracetamol y que acudiera al Chare de Lebrija. “De ahí me mandaron al Valme y ya no volví a salir hasta el 27 de mayo”.

Durante su estancia en el hospital, la enfermedad se le complicó hasta tal punto de que en la semana de Semana Santa no se contaba con su supervivencia hasta “en un 70%”. “Que el doctor te diga que se fue ese fin de semana a casa pensando si te volvería a ver el lunes, es duro”, afirma.

De los casi dos meses entubado en la UCI entre la consciencia y la inconsciencia, Peña recuerda algunos momentos de lucidez en los que afirma “veía muchos tubos”y se dio cuenta de que le habían hecho una traqueotomía. Entre las complicaciones que agravaron su situación. Cuenta que sufrió un neumotórax, que es un colapso pulmonar, del que asegura se dio el “milagro” de recuperase sin necesidad de operación y cogió bacterias que le bajaron las defensas. “Se me infectó todo el cuerpo”, dice.

Sobre la segunda quincena de mayo empezó a mejorar. “Una vez que daba un pasito, aunque fuera muy lento, parece que ya progresaba y, aunque seguía en la UCI porque querían asegurarse de que ya no tuviera el virus, empecé a tener consciencia”, afirma y explica: “lo que no puedo decir es qué es lo que me hizo mejorar. Me han dicho que mi fortaleza física ha ayudado mucho porque en un 70% no contaban conmigo. Sobre los tratamientos, el doctor me dijo que ni le preguntara porque había usado de todo en contacto con médicos de Italia, Francia o China”.

La gratitud al equipo médico que ha hecho posible que hoy pueda estar contando su experiencia, lo tiene claro. “Les debo la vida”, dice emocionado. Pero no sólo entre aplausos fue despedido del hospital, también en su Lebrija natal le espera un caluroso recibimiento al ritmo de la canción de su padre Dame la libertad. “Se ha visto como llegué a mi pueblo por varios medios y en la televisión de Lebrija, si eso puede servir para que la gente vea que de esto se sale, yo me siento con ello más orgulloso”, concluye.

Fuente: Diario de Sevilla

Sevillanía Redacción

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